Horror

La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.

Las raíces del terror en la sociedad, como bien dice H.P. Lovecraft, surgen a raíz del miedo y sobre todo, el miedo a lo desconocido y a raíz de esta emoción primitiva se construye los cuentos sobrenaturales como una de las formas más genuinas y dignas de la literatura.
En la cultura contemporánea se suele bailar con los límites del terror a lo desconocido, ya sea una creación puramente de terror o no, pero es en aquellas producciones puramente de horror en las que surgen siempre los mismos enigmas a resolver sobre el límite del terror. Toda creación tiene ese punto de inseguridad hacía el no saber, pero en el horror cósmico es donde se explora más con estos límites del terror, sobre lo que no se ve, lo que no se sabe y lo que se intuye.

Si hablamos de horror cósmico, es obligación y casi credo comentar la aportación de H.P. Lovecraft, escritor de Rhode Island, Estados Unidos, padre de este género. Pero la importancia de la prosa de Robert W. Chambers no puede ser obviada; las bases de ese cosmicismo lovecraftniano, serían puestas por Chambers, aunque desembocará en la defensa de la expansión del conocimiento y la creación de nuevas fronteras desconocidas, mientras Lovecraft clava su estandarte cósmico en el territorio de lo antihumano, el renegar del futuro y la recuperación de una realidad donde no se pueda lograr la explicación a través de la ciencia o la filosofía.

¿Qué otras cosas no podrían equipararse con los viejos dioses de las religiones, sino los espectáculos horribles de supernovas agitándose en el vacío cósmico, o agujeros negros que un día consumirán todo lo que representa nuestra realidad? La maravilla de ver acercarse el fin sin llegar a entender porqué, y la posterior caída en la locura al intentar llegar a comprender es lo que el horror crea en aquel que está intentando entrar en él. Es la atracción y la consecuente acción de repeler aquello más miedo nos da, y como lo desconocido no hay nada; querer conocer los límites de la vida, la funcionalidad de esta, pero tener miedo a encontrar realmente la respuesta a esto. Esto, querido lector, es el horror cósmico que Lovecraft nos trae en forma de monstruo, dios primigenio o abominación venerada por sectas y antiguos cultos paganos.

En el horror cósmico es de guía la introducción de un monstruo, por ejemplo el impronunciable Cthulhu creado por Lovecraft, que encamine la acción hacia la desesperación y la locura de los protagonistas. Pues el horror cósmico no es más que la proyección de la humanidad que emerge posteriormente la aparición de estos monstruos, reflejos de la decadencia y el terror de la sociedad. El terror a lo desconocido no es solo horror a aquello que no conocemos, sino a aquello que conocemos pero no podemos explicar y la sociedad luce por este tipo de hechos, personajes y historias.

Estos dioses primigenios, circulan con una escala moral y ética distinta a la que la sociedad humana ha establecido con los años; para ellos no existe una balanza entre el bien y el mal, sus acciones no pueden ser cuantificadas para lograr entenderlas como actos de bien o de mal. Si bien, la indiferencia y la insignificancia del ser humano es reflejada siempre en el horror cósmico, donde se refleja una vez más que por mucho que la humanidad intente darse una importancia infinita, no somos más que motas de polvo en la inmensidad del espacio. Nuestra existencia no vale nada, y por eso, ante una imposibilidad por poder contrarrestar los actos de estos monstruos, únicamente el ser humano puede encerrarse en una esquina de su habitación y sucumbir a la locura, pues sin poder describir dichos hechos cósmicos y sin poder ni siquiera intentar comprender y explicar esta amenaza, lo único que te queda es la demencia y la locura. El fin del camino sin explicación.

Quizá estos dioses primigenios tengan más que ver con la filosofía de Platón, a través del mito del demiurgo, o la filosofía nietzscheana, siendo pues el horror cósmico un género nihilista. Entonces, es en los mitos y en esta tendencia nihilista en las que el horror suele dar sus pasos entre la penumbra de su camino hacia lo desconocido, a transportar a aquel que está sumergido en este cosmicismo a veces terrorífico, a veces apasionante pero que sin lugar a dudas, entrega la suficiente incomodidad para preguntarse retóricamente y entrar en una desesperante espiral cíclica en la que la tendencia corra a desembocar en un estado similar a los protagonistas de aquellos cuentos, películas, videojuegos o serie, consumidos por la desesperación, la curiosidad, la locura y la desinformación.

La imposibilidad ante la amenaza desconocida, y el fin en la locura de aquellos que intentan comprender lo incomprensible, son la base del horror cósmico. Un horror que consume la razón de los protagonistas, llena de un sentimiento extraño al lector, jugador o espectador mientras su piel se eriza y los escalofríos invaden su cuerpo, y hace que el autor navegue hasta lo más profundo de su alma para encontrar aquello que, de carácter antihumano o onírico, le torture lo suficiente como para que al mostrarlo, aterre a aquellos que se zambullan en su creación.

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