Dragon Age Inquisition: Si papá lo hace, mamá también

Mientras las miradas apuntaban hacia las tierras de Skyrim, los chicos de BioWare supieron buscar una inspiración mejor entre lobos y caperucitas. ‘The Witcher’ les había condicionado en lo que debían hacer, y necesitaban reivindicar el resurgir de una saga sin fuelle.

Es sorprendente cómo una obra de ficción puede tratar temas tan profundos y candentes del día a día de nuestras vidas, camuflados en épicas fantásticas adornadas con dragones, reyes, magia o naves espaciales. En ‘Dragon Age: Inquisition’ encontramos cierto paralelismo con la obra protagonizada por Sharlto Copley y dirigida por Neil Blomkamp, ‘District 9’: durante años los elfos han estado esclavizados y repudiados por los humanos, quienes se apoderaron de gran parte de las tierras, obligando a esta raza a vivir como sirvientes o en pequeños clanes que mantenían sus costumbres y cultura en aldeas ocultas en los bosques. La xenofobia es tratada de manera diferente para cada raza, llegando a construir un simulador de conflicto racial en una épica fantástica, donde el honor y la riqueza de la nobleza son la tónica principal en la que Thedas parece sumergida como una noria cargada de traiciones, pactos y guerras internas por el poder, dejando al margen al resto de civilizaciones. Los enanos en las profundidades, los Qunari actuando como mercenarios y siguiendo un estricto dogma como si de colonias de hormigas se tratara, y los elfos, tratados como parias en un imperio que se desmorona lentamente.

Los primeros pasos en ‘Inquisition’ suelen ser bastante prudentes: dejados sin saber nada ni por qué en un mundo donde todos creen ser dioses, creamos nuestro personaje y nos enseñan su nuevo editor de personajes ; aun sin llegar a igualar las posibilidades del de ‘Dragon Age: Origins’ —donde podíamos elegir raza, clase e incluso el estatus socioeconómico de nuestro personaje— en esta nueva entrega han conseguido hacer uno bastante resultón, donde el trasfondo de nuestro personaje varía según raza, sexo y clase; la historia que le precede a un Qunari pícaro será diferente a la de su par femenino, por mucho que sean de la misma raza y clase. Esto hace que el mundo en el que jugamos sea único con cada personaje, un punto a favor a tener muy en cuenta. A su vez, también encontramos cómo el modo de juego con cada clase varía mucho según la rama de habilidades que elijamos, la arma utilizada y la especialización; cuando avanza la aventura llegamos a un punto donde, después de realizar una serie de submisiones, podemos elegir entre tres subclases que varían mucho entre ellas, haciendo que la forma de jugar varíe incluso utilizando unas mismas mecánicas, sacadas más de la segunda entrega de la saga que de su primera. BioWare ha escogido encaminar la acción más hacia un action RPG, distanciándose de las batallas tácticas con las que empezó la saga. No obstante, a diferencia de ‘Dragon Age II’, se ha incorporado una visión táctica para volver a ese estilo y relajar la acción, situándonos en una vista cenital en la que dar órdenes a los miembros de nuestro grupo, permitiendo adoptar estrategias de combate más elaboradas que garanticen una victoria o, como mínimo, reduzcan las posibilidades de ser aplastado por un troll de ocho metros.

…no sorprende nada saber que tenían pensado enfocar ‘Inquisition’ hacia un título multijugador online al más puro estilo ‘World of Warcraft’.

Tres meses antes de la salida al mercado de ‘Inquisition’ Mark Darrah, productor del juego, comentaba en una entrevista que ‘Skyrim’ había transformado el género clásico de rol casi en su totalidad al vender veinte millones de copias en comparación con su predecesor, ‘Oblivion’, el cual había llegado a vender seis millones. Según Darrah, esto indicaba cómo el jugador de rol había cambiado, y que el paso del tiempo había modificado lo que buscaba en el género. Llegaba en el momento oportuno, en pleno apogeo de ‘Juego de Tronos’, lo que facilitó las cosas para un curioso renacer de este género que se ahogaba lentamente en su propia mierda. Me resulta llamativo que, aun hablando tanto de ‘Skyrim’, del Dovahkiin y los dragones celestiales, todo el aire que se respira en ‘Inquisition’ huele más a la saga de Geralt de Rivia que a las vastas tierras de ‘The Elders Scrolls’. Sin duda, la verdadera inspiración llega desde ‘The Witcher 2: Assassins of Kings’; incluso tenemos un radar de objetos como el brujo.

Así que tenemos a BioWare que, después de sentenciar la saga a caer eternamente en un pozo sin fondo con su segunda entrega, se plantea modificar la experiencia en su tercera parte y mirar hacia nuevos horizontes, y la verdad es que no sorprende nada saber que tenían pensado enfocar ‘Inquisition’ hacia un título multijugador online al más puro estilo ‘World of Warcraft’. Pero este proyecto, que nació antes de la salida de ‘Dragon Age II’, fue rechazado y reutilizado para acabar convirtiéndose en lo que ha día de hoy bautizaron como ‘Dragon Age: Inquisition’.

‘Inquisition’ nos muestra desde un principio una Thedas casi apocalíptica. Una guerra civil entre magos y templarios está causando grandes estragos en esta tierra, el cielo grita de dolor al surgir unas grietas del velo y con la Divina muerta, el temor es quien reina en el lugar. A todo esto, la acción nos sitúa en medio de este caos con un protagonista que, como nosotros, no entiende nada. Aclamado como el Heraldo de Andraste y con el poder de cerrar estas grietas del velo, es el mesías que guiará al pueblo para hacer surgir de nuevo la Inquisición y lograr traer la paz a Thedas. Así es como iniciamos nuestros primeros pasos en ‘Inquisition’, en un inicio algo soporífero y al que le cuesta arrancar, pero que poco a poco va cogiendo ritmo, enseñando lentamente la carne y mostrando todo el potencial que esconde en su universo: una trama que de buenas a primeras denota ese regustillo a ‘Mass Effect 2’ donde el prota de turno salta a escena desde el limbo para salvar el mundo y dar caña a los malos malosos.

Si en ‘Origins’ la exploración era mínima y en ‘Dragon Age II’ inexistente, en esta nueva entrega las regiones donde transcurre la acción han sido ampliadas para permitir una exploración mucho mayor

‘Inquisition’ sabe cómo diferenciarse no sólo de sus predecesores, sino también de otros juegos de su mismo género. La progresión no es tan sólo algo de tus compañeros de fatiga: esta vez estás al cargo de toda una facción con su propia jerarquía e intereses, con un ejército de miles de soldados cuyas vidas afectan a las de miles de personajes más. Es un ente vivo con sus propios problemas y defectos, que debemos saber manejar para asegurar la fuerza y el poder que va ganando conforme la acción avanza. Somos los encargados de dirigir desde el mapa de guerra a nuestros asesores, que tendrán más eficacia en unas acciones u otras, dependiendo cuál escojamos: la vía diplomática, la vía sigilosa o la vía de la fuerza bruta. Aunque, como es normal en los juegos de BioWare, contaremos con un buen número de personajes que nos podrán acompañar en nuestra epopeya fantástica, y con los que entablaremos una relación que poco a poco será más fuerte, estableciendo lazos emocionales y creando un grupo de compañeros que en su totalidad es bastante variopinto, pero que individualmente -y sin escapar de clichés- tiene un encanto especial. La Inquisición nos hace ser partícipes de un todo que nos recuerda que solos no podemos, y que necesitamos estar cerca de nuestros amigos, aliados y seguidores. No somos un elegido: somos alguien que estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado y, como tal, no somos un inmortal ni el ser más poderoso del mundo, sino una pieza más de un entramado formado para vencer a las fuerzas del mal.

La magia de ‘Dragon Age: Inquisition’ reside, en una gran parte, en su mundo abierto, elaborado por BioWare para ser explorado, donde siempre hay algo que hacer. Si en ‘Origins’ la exploración era mínima y en ‘Dragon Age II’ inexistente, en esta nueva entrega las regiones donde transcurre la acción han sido ampliadas para permitir una exploración mucho mayor. Viendo que se puede saltar en esta entrega, podemos hacernos una idea de cómo ha sido enfocado el tema de la exploración. Perdernos entre mapas mientras avanzamos con la trama es tan sencillo que, en una misma zona, podemos estar toda una tarde (o dos) realizando misiones y explorando cada rincón. Éste es, sin lugar a dudas, el punto más fuerte en la Inquisición de BioWare; una Inquisición que por momentos parece tener algún que otro problema técnico, y nos deja bailando el ‘Thriller’ de Michael Jackson, atravesando paredes como si fuéramos Patrick Swayze o con el oído de un veterano de guerra, sin escuchar ni papa: ni música, ni efectos sonoros, ni voces.

…tiene su punto más álgido cuando nos enseña un futuro distópico sacado directamente de las páginas de ‘1984’…

Es curioso ver cómo las dos entregas anteriores de la saga habían sido compuestas para ser dos aventuras independientes la una de la otra, pero con claros guiños y apariciones estelares; fue como adentrarse en un mundo de fantasía en el que en una entrega siguieses la historia de Tyrion Lannister y, en la siguiente, Daenerys fuera quien protagonizara la acción. ‘Inquisition’ parece enmendar errores jugando a ser alquimista para que ambas entregas sean predecesoras a la trama de Thedas, y aunque en algún momento se tire de canon fácil, sacando a escena algún personaje de las anteriores con una aparición efímera y circunstancial, la trama principal baila bien cogida y con buen ritmo con ‘Dragon Age: Origins’ y ‘Dragon Age II’; Varric, Cassandra, Leliana y algunas sorpresas más son los encargados de unir la trama de las diferentes entregas, personajes de alto carisma traídos directamente desde el pasado de la saga. Esta trama, que sabe introducir temas como el racismo, la esclavitud, la corrupción política y la guerra civil, tiene su punto más álgido cuando nos enseña un futuro distópico sacado directamente de las páginas de ‘1984’, la gran obra de George Orwell. Un malo maloso ha alcanzado el poder y tiene el mundo entero a sus pies en una realidad paralela en la que nuestra Inquisición ha fallado. Este momento en particular lo recuerdo como si hubiera sido grabado a fuego: fue el momento en el que la trama me dio el impulso que necesitaba para interesarme por ella y continuar sin pereza alguna; una píldora de cafeína necesaria para no dejar que el juego acabe en la estantería cogiendo polvo. ‘Inquisition’ es un gran juego porque detrás de él hay un universo enorme con muchas posibilidades.

‘Dragon Age: Inquisition’ pone el destino del mundo en nuestras manos de una manera que pocos juegos de rol han hecho antes. E incluso después de dedicarle más de ochenta horas, es un mundo que guarda sorpresas para todos los que quieran adentrarse en él.

Crítica a Dragon Age Inquisition publicada en la revista GameReport

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