Mark of the Ninja: Locura transistoria

texto originalmente publicado en Pixel Busters

Mientras Arkane Studios nos dejaba el culo torcido con ‘Dishonored’, los chicos de Klei Entertainment se habían puesto a leer poesía haiku sobre honor, ninjas, fraternidad y la llegada del hombre americano a tierras japonesesas. Apartando la mirada lo más posible de ‘Metal Gear Solid’ y su dudoso sistema de sigilo, los canadienses se habían propuesto hacer un juego del sigilo puro. Donde Corvo luce con majestuosidad y se pavonea entre las masas, la creación de Klei Entertainment juega en la liga de los grandes sin quererlo y lo peta con sus buenas ideas, a la vez que sus mecánicas de sigilo dejan en ridículo a Ezio Auditore. ‘Mark of the Ninja’ sabe como robarte el corazón, bandido.

‘Mark of the Ninja’ nos propone una idea bastante sencilla: debemos cumplir los objetivos de cada nivel sin que acaben con nuestra vida, ocultándonos entre las sombras y haciendo el menor ruido posible. El diseño de niveles es lo suficientemente complejo y trabajado como para ofrecer distintas rutas. Tener que analizar y aprender patrones de cada enemigo es algo que se agradece, hacía tiempo que echaba en falta estas mecánicas que con el tiempo se han ido diluyendo con la santificación del videojuego. Y es que la llegada de títulos como éste por parte de desarrolladores indies nos está manteniendo en la industria a un gran número de jugadores que no se determinan como “gamers”, ni tampoco se graban insultando a guiris cualniñorata.

Cada trazo adornado de ‘Mark of the Ninja’ exhala aire fresco; la mezcla de lo nuevo y lo viejo -¿‘El último Samurai‘?- en la ambientación nos deja en todo momento como el depredador débil que se atreve a cazar un halcón -que dispara rayos láser, tiene un amplificador de sonido y un detector de movimiento- tan solo con un pincho, cuatro chinchetas y algunas granadas de humo. Porque así es como me he sentido en cada nivel; soldados armados hasta los dientes pero que no dejan de ser los suficientemente borregos como para ensartarles por la espalda con una katana desde las sombras. La no linealidad que comparte con su “hermano” guapo y fornido, ‘Dishonored’, es uno de los puntos fuertes donde podemos ver cómo los desarrolladores se han dejado la piel para lograr que volver a jugar cada nivel sea una maravilla; tras exprimir un nivel, te sorprenden con alguna habilidad o artefacto nuevo que te posibilita la creación de una nueva estrategia, generando segundas vueltas muy satisfactorias.

‘Mark of the Ninja’ consigue encandilarte lo justo y necesario para que vuelvas a repetir, sin quedarte empachado, y así invitarte a que manipules todos los artefactos posibles, exprimas todas las posibilidades que puede ofrecerte, y únicamente porque es un juego divertido; esto lo consigue por la llana y simple razón de tratarse, ante todo, de una experiencia terriblemente divertida. La sutileza de su composición es como una buena coreografía de danza clásica, fusionada con algo de jazz; la sutileza palpable se consigue mezclar con la dinámica acción que te marca cada objetivo y el reto de avanzar.

Cuando el sigilo no es la única opción, pero sí la mejor, conseguir la mejor puntuación se convierte en un reto agradable. Yo no soy de perfeccionar tiempos, aumentar mis puntuaciones y conseguir el 100%, pero ‘Mark of the Ninja’ sabe cómo hacer de esto, una necesidad. Puro placer.

Luego saca a lucir sus modelitos con diferentes habilidades y entonces ya sí que deseas vivir eternamente entre las sombras.

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